La consideración hacia los actores ha ido cambiando a lo largo de la historia: en Grecia, los actores, que eran ciudadanos, gozaban de una posición social privilegiada; con el tiempo esa posición iría decayendo hasta llegar a ser despreciados e incluso perseguidos, especialmente en las sociedades en las que el teatro perdió su carácter sacro. La forma de vida de los actores (que constituían comunidades cerradas con otros actores al margen de los grupos mayoritarios y que solían vivir promiscuamente) les granjeó siempre mala fama: la Iglesia los condenó muchas veces y prohibió enterrarlos en sagrado y el pueblo siempre los miró con recelo, acuñando muchísimos tópicos y bromas hacia ellos: “esconded las gallinas, que vienen los cómicos”.